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La peau douce. (Françosi Truffaut,1964)


Después de inaugurar las lista de películas en francés con Cous cous (Le grain et le mulet) de Abdellatif Kechiche y picar algunas de Godard (Alphaville y La Chinoise), estamos visionando en familia las películas de François Truffaut.
Tras la clásica Les 400 coups, ayer elegimos La peau douce (la piel suave) con el propósito múltiple de hacernos al idioma, tachar un título de la lista y/o simplemente, disfrutar de una buena película.


La piel suave narra el affaire que un reconocido escritor, Pierre Lachenay (Jean Desailly) tiene con una joven y atractiva azafata de vuelos, Nicole (Françoise Dorléac); relación a espaldas de su mujer Franca (Nelly Benedetti), con la que lleva años casado y con la que tiene una hija, la pequeña Sabine.
Truffaut elabora un filme íntimo, sobrio en la planificación, aderezado con cierto estilismo visual sin lugar a dudas deudor de Hitchcock; curiosamente, se usan elementos del género del suspense, como la banda sonora, los planos cortos que persiguen gestos u objetos, para envolver el relato cercano del enamoramiento mantenido en secreto, entorpecido por las obligaciones, compromisos y por la propia condición de aventura adúltera.
Estoy seguro que, por un lado, la película contiene cierta crítica o caricaturización de esterotipos o comportamientos, pero realmente no encuentro una crítica neta; el relato concilia las distintas posiciones y sentimientos, mostrando todos de forma cercana, conectándonos con estos. Aunque sin duda, Lachenay, el protagonista, salga peor parado en el juicio humano, más que nada por su tibieza moral y sentimental. Me llamaron la atención todos los momentos en que la acción se desarrolla sin diálogos, con la narración dejada en manos de recursos audiovisuales; encuadre, montaje, sonido ambiente, banda sonora...
Estilo sobrio, pero elegante y claro, discreto visualmente. Relato íntimo y cercano (probablemente uno de los films de Truffaut con más insertos: un número de teléfono escrito en una caja de cerillas, un diario, la bandeja de un desayuno, las llaves de una habitación de hotel, el resguardo de un revelado de fotografías, etc. -J. A. Souto Pacheco. Miradas.net).
Se aprende cine viéndola
Para los que la hayan visto: ¿No tiene el final un toque Almodóvar?

Links de interés:
Él, Ella y la otra (J. A. Souto Pacheco. Www.Miradas.net).
Expressing the In-Between (Andrew Kevlan. Lola Journal).

La Chinoise

Merendarte un film de Godard como La Chinoise, así, a bocajarro, un domingo por la tarde, de esos de sofá y manta, puede caerte bien o mal. Para mí Godard es ese director que siempre se me escapa; me fascina su estilo, el tratamiento y concepto del film a la vez que se me escapan como agua entre los dedos las referencias filosóficas o intelectuales y sin embargo, la mezcla con la cotidianidad, la espontaneidad y la poesía dan lugar a una realidad intensa y maravillosa, excitante, particular y cercana, con la que me gusta identificarme.


Las películas de Godard son siempre frescas. Todos los elementos del cine (y de la realidad) son puestos a prueba, reinventados, utilizados de forma libre y distinta. La literatura (tanto teórica como de ficción), la pintura, la fotografía y la música se interconectan. Los personajes (que se mueven constantemente entre la naturalidad y la representación) realizan acciones performáticas, que comunican en sí ideas o conceptos y viven peripecias vitales que los llevan a enfrentar constantemente ficción y realidad. La autorreferencia, el metalenguaje, son otras características de su cine.


En La Chinoise, un grupo de estudiantes que convive en un piso forman una especie de grupo comunista, cuestionándose la realidad del momento, compartiendo análisis y debates sobre el marxismo leninismo o el revisionismo y pensando maneras de pasar a la acción, en lo que parece ser una visión a la vez activista y paródica, del clima anterior a Mayo del 68. 

La cinta mezcla cortes de entrevistas, con los personajes hablando a cámara, con secuencias de discursos y conferencias, momentos de la convivencia y secuencias performáticas (trincheras construidas con el libro rojo, aviones de juguete colgados de un hilo amenazando a una de las chicas vestida de Vietcong). 

Junto a las distintas tesis y declamaciones en torno al comunismo, a la interpretación dramática, el teatro, las universidades y la acción directa, asistimos a los juegos y payasadas, enfrentamientos, conflictos y arrogancias de un grupo de jóvenes llenos de energía y ganas, de orígenes y motivaciones distintas e incluso conscientes de su pertenencia a una clase intelectual o burguesa más que a la obrera.

Aunque creo que Godard no construye una parodia ácida, si no que lo hace con naturalidad, en un tono sincero,  da la sensación de que los chicos son unos soñadores que viven de prestado (exceptuando la que dice prostituirse, que narra sus orígenes campesinos). Es significativa una secuencia en el tren en la que una de las chicas debate con un profesor sobre la acción política, el terrorismo, el respaldo ideológico, etc.
Godard construye un discurso y expone y define a la vez unas ideas políticas, vitales y una manera de hacer cine.