FILOSÓFICA Y PERTURBADORA VERSIÓN DEL VAMPIRO

Película extraña, cruda, y voluptuosa que recorre el género y lo pasa por la batidora posmoderna.


Lily Taylor compone un personaje siniestro, que parte de la inocencia y el asombro ante la maldad, pero que evoluciona hacia el relativismo moral, a la decadencia y el entendimiento de la naturaleza humana como generadora del mal. 

Si bien esta actriz ha venido interpretando a personajes atormentados, raros o marginales -la perturbada y clarividente Valerie Solanas en Yo disparé a Andy Warhol (Mary Harron. 1996), una depresiva Ann en Cosas que nunca te dije (Isabel Coixet. 1996) o una sensible y tímida Nell en un título puramente de género como es The Haunting (Jan De Bont. 1999)-es sin duda el de esta película el más extremo, sádico y preclaro. 

El buen hacer interpretativo se completa con el trabajo de Annabella Sciorra y Christopher Walken, como dos alternativas vampíricas; la del autocontrol y la hedonista, con las cuales se confronta la protagonista. En el caso de Walken, únicamente con una escena consigue pintar un personaje con fuerza y trasfondo, sobrenatural y cercano a la vez. Annabella Sciorra tiene más minutos en pantalla para desarrollar su arquetipo y resulta seductora, cruel y determinante.

Ahora bien, la película no es lo que en un primer momento podría pensarse de ella. Indudablemente es un filme de vampiros independiente y distinto: las escenas de violencia son contadas, aunque crudas, la sensualidad, el sadismo, la hemofilia y el malditismo están muy presentes, y la condenación que supone el vampirismo a través de la adicción resuena constantemente en la historia, pero funcionan para explicitar referencias filosóficas (Kierkegaard, Sartre y otros) y construir una tesis sobre la naturaleza del mal y la condición humana.

El ritmo de la narración y la fuerza visual consiguen que el contenido conceptual de la película nos inunde y nos transforme, perturbándonos, aun desconociendo las referencias filosóficas; de esta manera la película podría funcionar también como un vampiro. La fotografía en blanco y negro oscila entre lo tosco y la potencia estética, con algunos momentos retro, autoconscientes, recreando una atmósfera opresiva y amenazante; incluso enfermiza y enloquecedora, lo cual nos puede llevar a pensar en la subjetividad de todo el relato.

Sin embargo, no creo que sea una película redonda más allá de su propio estilo. A falta de un revisionado, diré que es en el resultado estético, en la propuesta actual y la construcción de los personajes, donde me seduce realmente la película.
Le daré otro vistazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario