LA CASA DEL TERROR. TOBE HOOPER. 1981

Película de terror que arranca con guiños a La noche de Halloween (Halloween. John Carpenter, 1978) y Psicosis (Psycho. Alfred Hitchcock 1960), además de incorporar planos de La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein. James Whale. 1935). 

Mediante este arranque, con un desnudo gratuito de la protagonista Amy Harper (Elizabeth Berridge), persiguiendo su travieso hermano, el pequeño Joey, la trama se presenta como la historia de dos parejas de adolescentes que deciden acudir a una feria ambulante. Pese a las advertencias de su padre (dos chicas desaparecieron hace un tiempo por los alrededores), Amy acompañada de su noviete Buzz, y otra pareja (Liz y Richie), curiosean por la feria, asistiendo a números de magia, visitando a una pitonisa o curioseando por la agujereada carpa de un show para adultos y desconfiando de los siniestros propietarios que anuncian las distintas atracciones en un atril, micrófono en mano, a la entrada; como en aquella en la que se exhiben animales deformes, bicéfalos y otros, incluso un repugnante feto sumergido en formol ("These are all creatures of God, ladies and gentlemen, not man... They are authentic and they are alive... alive, alive, alive...")

Los jóvenes, ávidos de experimentar y de llevarse a las chavalas al huerto, planean colarse en la casa de los horrores para, una vez que cierren, pasar la noche dentro, sin saber que el pequeño Joey, se ha escapado de casa y los ha seguido hasta la feria.
Pero algo se torcerá y dejará a los chavales a merced de un siniestro propietario y su hijo, el cual lleva la cara tapada por una máscara de Frankenstein...

El ambiente de la feria, las luces y las atracciones despierta cierta nostalgia y familiaridad, resaltando en lo casposo de algunos shows que se exhiben y en lo bizarro e inquietante de la muestra de animales. La pitonisa es retratada como una infeliz alcohólica que además puede prestar otros servicios (...), aunque tiene cierto halo de zíngara sacada de título antiguo de la Universal. Su personaje detonará involuntariamente la trama.

El diseño de la criatura no está nada mal, aunque la interpretación es algo aspaventosa y se desaprovecha la primera impresión, perdiendo a mi entender su fuerza como amenaza. En cambio el padre, propietario de uno de los shows de la feria, se revela como un personaje mezquino y falto de humanidad y no menos cruel que su monstruoso hijo.

La parafernalia del interior de la atracción genera esa nostalgia que Tim Burton utilizó magistralmente en Ed Wood y que aquí sin embargo resulta algo casposa, aunque se intente utilizar para causar algún sobresalto, este escenario está más bien desaprovechado.

Lo más interesante: La escena en la que los chavales presencian por las rendijas del suelo de madera un asesinato y la escena final que se resuelve en el subsuelo de la atracción, lleno de ruedas y mecanismos, además del momento en que la protagonista, Amy, trata de hacerse oír gritando a través de un enorme ventilador, al otro lado del cual, sus padres están recogiendo a su hermano Joey.

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