Oblivion (Joseph Kosinski. 2013) es una película de ciencia ficción con un diseño impecable, una inmersión en la plasticidad de la ilustración futurista aderezada de cierto intimismo que, sin embargo, acaba por aterrizar en los lugares comunes de toda supreproducción a base de tópicos y momentos reciclados. Al parecer, el que fuera director de TRON: Legacy (2010) convirtió un proyecto de novela gráfica en colaboración con Michael Adrnt y el ilustrador André Wallin en una serie de imágenes preparatorias para la película.
La historia del film se sitúa en un planeta tierra desolado a consecuencias de la guerra contra unos invasores –referidos como “scavengers”- y deshabitado tras la migración de los supervivientes a Titán, una de las lunas de Saturno. Unas gigantescas máquinas succionan el agua del mar para aprovechar u obtener energía (¿?) y dos supuestos últimos habitantes del planeta Jack (Tom Cruise) y Vika trabajan en la vigilancia y protección de dichas plataformas marinas. Mientras Jack vuela en una ligera aeronave en busca de drones (máquinas de guerra) averiados o abatidos por los invasores que aún deambulan por el planeta, su compañera queda en “la torre” (el puesto elevado donde conviven y tienen su base) supervisando las tareas y en comunicación con el mando de la misión; el Tet, una estación espacial en órbita. Pero los supuestos en los que basan sus vidas empezarán a caer, revelando un terrible secreto sobre el destino de la humanidad…
Tom Cruise hace gala de su solvencia y soltura ante las cámaras, con su especial y carismática hiperfotogenia, además de un personaje hecho a medida. La inglesa Andrea Riseborough construye sólidamente el personaje de Vika (Andrea Riseborough), la compañera impecable, recatada, que sigue al pie de la letra los protocolos de la misión para seguir siendo un “more effective team”. La actriz consigue dotar al personaje de un fondo artificial y arisco, como si ambos no encajaran del todo, para acabar demostrando la fragilidad y vulnerabilidad del mismo. A Morgan Freeman le toca en reparto un personaje bastante estereotipado y agradecido(el de Beech, líder de un inesperado grupo de supervivientes) que solo su carácter y su pose estilosa pueden mantener en pie casi hasta el final de la cinta. Olga Yurilenko (Julia), por su parte, aporta una presencia más cálida contrapuesta a la compañera de Cruise; aunque resulta más plano, protagoniza junto a este una de las escenas más sólidas e intimistas, tras la cual la película cae en picado.
El lastre de las secuencias creadas explícitamente para su exhibición en 3D, las incoherencias en el relato y trampas en el guión (el cine es un engaño consentido, un artifico que aquí está mal entendido) hacen que la historia pierda interés y coherencia. El final se resuelve con la utilizadísima fórmula de “colarse en casa del monstruo” (¿os acordáis de Will Smith y Jeff Goldblum en la nave nodriza de Independence Day?).
Lo mejor: los sugerentes paisajes, los vestigios de civilización enterrados (explotando la iconografía final de El Planeta de los Simios de 1968), todo el trabajo de conceptualización construye una apariencia de ciencia-ficción “blanca”, aséptica y realista, enfrentada a un viejo mundo literalmente enterrado y la apuesta por cierto intimismo.
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