El documental Cómo se hizo Un lobo hombre americano en Londres (2009) nos cuenta a través del relato de
las personas que la hicieron posible, cómo fue la creación de este mítico
título del cine de… ¿terror?¿comedia?
Al o largo del documental nos confrontamos con el John Landis
contemporáneo, un hombre risueño de expresión inquieta en los ojos y mirada
aguda, pero también con el joven John Landis, que contaba unos 30 años y cuatro películas en cine, y que pronto
realizaría para el mismísimo Michael Jackson uno de los más famosos video-clips
creados hasta la fecha. En realidad, un cortometraje musical (¿terror o
comédia, nuevamente?): hablamos de Thriller, en 1983. ¿Cómo era ese chico que
se había embarcado como asistente en el rodaje de Los violentos de Kelly
(Kelly´s heroes. 1970) en Yugoslavia? ¿El joven que, con un pañuelo en la
frente, hacía de expecialista en la escena final de su propia película, donde
el caos invade Picadilly Circus al ser recorrido por una gigantesca bestia grís y peluda?
El documental resalta el optimismo del director y de todo el equipo de
la película, así como la relación cercana entre aquel y el artífice de los
efectos especiales de la genial transformación, Rick Baker, y con el elenco protagonista. Las anécdotas se suceden, como la repulsión
de Griffin Dunne por su caracterización
como muerto viviente (y el shock al saber que casi toda la película se la
pasaría así), entremezclando los momentos estelares de la película, el
desarrollo de la idea y la puesta en marcha del proyecto, así como las
particularidades de la producción, algunas derivadas de rodar en suelo británico.

¿Terror o comedia? La más
impresionante secuencia de transformación hasta el momento solo podía compararse
con la de la película Aullidos (The Howling. 1981) de Joe Dante, y en ambos
casos los efectos habían sido diseñados por la misma persona; Rick Baker
trabajó con Landis en el concepto y en el diseño de la transformación con
nuevos materiales y técnicas que permitían más realismo, pero que dado el parón
temporal de Un hombre lobo… los utilizó al ser contratado para el film de
Dante… (así que tenemos, en el peor de los casos, la posibilidad de observar dos
tratamientos diferentes para una misma secuencia). La propuesta de Landis es la de modernizar
el mito del hombre lobo trayéndolo de los lejanos parajes rurales inundados de
niebla, de la maldición de una familia de nobles terratenientes al propio
corazón de Londres, de una
transformación estática, a base de fundidos de planos, a una experiencia visual
explícita, biológica y desprovista de romanticismo. Y es capaz de hacerlo aderezándolo con la frivolidad y el humor negro (los
reproches entre los dos amigos cuando uno de ellos está muerto y en estados de
descomposición cada vez más avanzados) sin los que sería imposible explorar o
soportar tales situaciones, además de los delirios surrealistas (Landis dice
inspirarse en la película de Buñuel “El discreto encanto de la burguesía” para
la secuencia de un sueño dentro de otro sueño), hasta llegar al desparrame
final, a la eclosión de lo salvaje en la urbe, la auténtica maldición de una
imposibilidad de entendimiento entre David y Alex.
Los impulsos salvajes, lo
irracional, despersonalizan y diluyen al hombre moderno. Tal vez sea ese el
chiste terrorífico que nos gasta la naturaleza…

No hay comentarios:
Publicar un comentario